La primera vez de Shame en Santiago fue mucho más que un concierto, fue una descarga de intensidad, sudor y comunión colectiva
La noche del lunes 15 de junio quedará grabada en la memoria de quienes asistieron al esperado debut de la banda británica Shame en Chile. En el marco de su Latin America Tour, los londinenses aterrizaron por primera vez en Santiago para presentar parte de su nuevo material y repasar los himnos que los han consolidado como una de las agrupaciones más electrizantes del post-punk contemporáneo, bajo la producción de Sgto. Fusión, el escenario elegido fue el emblemático Club Chocolate, recinto que rápidamente se transformó en el entorno perfecto para una velada marcada por la intensidad, la energía desbordada y una conexión casi visceral entre artistas y público.
La jornada comenzó con la participación de Hesse Kassel, una de las propuestas más interesantes y prometedoras del circuito alternativo chileno, quienes tuvieron la misión de preparar el terreno para una noche que terminaría convertida en una auténtica celebración de ruido, catarsis y emoción.

Hesse Kassel abrió la noche con una demostración de personalidad y potencia
Mucho antes de que Shame apareciera en escena, el ambiente ya comenzaba a cargarse de expectativa, Hesse Kassel asumió el desafío de abrir la jornada con una presentación sólida y cargada de carácter, reafirmando por qué se han convertido en uno de los nombres más comentados de la escena independiente nacional.
Su presentación incluyó canciones como “Sancho Plagio”, “A. l’atur”. “Porno Miseria” y “Senda Mayor”, piezas que permitieron recorrer la identidad sonora de la banda, caracterizada por una mezcla de tensión emocional, guitarras envolventes y una propuesta estética que escapa de cualquier fórmula fácil.
Desde los primeros minutos lograron captar la atención de los asistentes, quienes respondieron con entusiasmo a un repertorio que mostró tanto sensibilidad como fuerza. La agrupación demostró seguridad sobre el escenario y una madurez artística que confirma que atraviesan uno de los momentos más interesantes de su trayectoria.
Su participación no fue simplemente la de una banda telonera. Fue una declaración de principios y una muestra del excelente momento creativo que vive la música alternativa chilena.
La temperatura del Club Chocolate subió rápido, no por las luces ni por la cantidad de gente, la temperatura aumentó porque comenzó a sentirse esa energía difícil de explicar que aparece cuando una banda y su audiencia entienden exactamente para qué están allí.


Cuando Shame tomó el control del escenario, la noche ya tenía su propio pulso.
Bastaron los primeros acordes de “Axis of Evil” para que el recinto explotara en una reacción inmediata, la respuesta del público fue instantánea y confirmó que la espera por este debut había valido cada minuto.
Lo que siguió fue una sucesión de momentos de intensidad constante donde prácticamente no existieron pausas, el mosh pit apareció desde los primeros temas y nunca dejó de respirar. Se abría, se cerraba y reaparecía en distintos sectores del recinto mientras decenas de asistentes saltaban, bailaban y se entregaban por completo a cada canción. la conexión entre escenario y pista fue inmediata, natural y poderosa.


El presente y la evolución de Shame
La visita de Shame a Chile llegó impulsada por “Cutthroat”, su más reciente trabajo discográfico, una producción que demuestra la capacidad del quinteto para seguir evolucionando sin perder la urgencia, la tensión y el filo que los convirtió en una referencia indispensable dentro del nuevo post-punk británico.
Durante la presentación, la banda construyó un recorrido que equilibró perfectamente material reciente con algunas de las canciones más celebradas de su catálogo, cada tema aportó una intensidad distinta al espectáculo. Mientras piezas como “Concrete” y “One Rizla” provocaron algunas de las reacciones más efusivas de la audiencia, canciones más recientes permitieron apreciar la evolución sonora de una banda que continúa expandiendo sus límites creativos sin perder identidad.
La interpretación fue impecable, las guitarras sonaron afiladas, la sección rítmica mantuvo una tensión permanente y la presencia escénica de la banda se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la noche.


Un viaje entre la furia de sus clásicos y la tensión de su nueva etapa
Desde el primer golpe de “Axis of Evil”, Shame dejó claro que no había espacio para introducciones tibias, la canción abrió la noche como una declaración de intenciones, desatando inmediatamente los primeros círculos de mosh y marcando el tono de una presentación que jamás bajó las revoluciones.
A lo largo del concierto, los londinenses construyeron un recorrido que permitió apreciar la evolución de una banda que ha sabido expandir su propuesta sin renunciar a la intensidad que los caracteriza. Temas como “Concrete”, una de las piezas más representativas de sus primeros años, provocaron algunas de las reacciones más efusivas del público gracias a esa mezcla de urgencia, caos controlado y energía explosiva que se ha convertido en una de las señas de identidad del grupo.

La tensión también encontró espacio en canciones como “Alphabet” y “Born in Luton”, donde las guitarras afiladas y las atmósferas inquietantes demostraron la capacidad de Shame para moverse entre la agresividad y la introspección sin perder cohesión. Por su parte, “One Rizla”, uno de los himnos más queridos por sus seguidores, generó uno de los momentos más celebrados de la noche, con gran parte del recinto acompañando cada pasaje de la canción.
El repertorio también sirvió para presentar parte del material más reciente de la banda, canciones como “Adderall” y “Water in the Well” evidenciaron una búsqueda sonora más amplia y sofisticada, confirmando que Shame continúa desafiando los límites del post-punk contemporáneo mientras fortalece una identidad artística cada vez más definida.
El cierre llegó con “Cutthroat”, el tema que da nombre a su más reciente trabajo discográfico y que actualmente impulsa esta gira latinoamericana, la canción condensó todo lo que había ocurrido durante la noche: tensión, catarsis, potencia y una conexión absoluta entre escenario y público. Fue un final tan contundente como simbólico, reafirmando que Shame atraviesa uno de los momentos más sólidos y creativos de su carrera.


Un público que respondió con la misma intensidad
Más allá de la gira o del lanzamiento de un nuevo álbum, lo que realmente convirtió esta presentación en un acontecimiento especial fue la respuesta del público chileno, había algo magnético en la forma en que escenario y audiencia se alimentaban mutuamente.
Cada riff encontraba una reacción inmediata, cada explosión de energía sobre el escenario encontraba eco entre la multitud. A diferencia de otros conciertos donde existe una distancia evidente entre artistas y espectadores, en esta ocasión todo parecía formar parte de una misma experiencia colectiva, el Club Chocolate vibraba como un organismo vivo que reaccionaba al ritmo de cada golpe de batería, cada línea de bajo y cada estallido de guitarras.
La entrega de los asistentes fue total, desde las primeras filas hasta el fondo del recinto, la sensación era la misma: todos estaban participando de un momento largamente esperado.
Y la banda lo percibió, esa retroalimentación constante terminó elevando aún más una presentación que ya se encontraba en un nivel altísimo.


Shame confirmó por qué es una de las bandas más relevantes del post-punk actual
En una época donde muchas agrupaciones intentan replicar las fórmulas del revival post-punk, Shame continúa destacándose gracias a una propuesta que combina agresividad, inteligencia compositiva y una honestidad escénica cada vez más difícil de encontrar.
Su debut en Chile dejó claro que no se trata únicamente de una banda respaldada por excelentes discos de estudio. Su verdadero poder aparece en vivo, donde cada canción adquiere una dimensión distinta y donde la intensidad emocional se convierte en una experiencia física para quienes están frente al escenario.
El concierto en Santiago no fue simplemente una parada más dentro de su recorrido latinoamericano, fue el inicio de una relación largamente esperada con el público chileno.
Una noche que marca el comienzo de una nueva historia entre Shame y Chile
Gracias a nuestros amigos de Sgto. Fusión por la invitación.
✍ Reseña Lisbeth Castillo
📸Fotos: Luis Graterol
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