El adiós de una leyenda: Emoción, memoria y clásicos eternos
La noche del 7 de marzo quedará grabada en la memoria de los amantes de la música latinoamericana, el legendario cantautor brasileño Gilberto Gil ofreció en Chile uno de los conciertos más emotivos de su carrera, como parte de su gira de despedida “Tempo Rei”, un espectáculo que recorrió más de 60 años de historia musical frente a un Movistar Arena completamente rendido.
El recinto Movistar Arena fue el escenario de una celebración llena de nostalgia, talento y profunda conexión cultural entre Brasil y Chile, bajo de producción de Lotus, el concierto se transformó en un viaje musical que revisó las distintas etapas del artista bahiano, desde los años 60 hasta su etapa más reciente. A sus 83 años, Gilberto Gil demostró que su legado trasciende generaciones, la magia de sus composiciones, su carisma y la impecable banda que lo acompañó recibió las ovaciones del público fueron constante durante toda la velada, confirmando que su música forma parte de la memoria emocional de toda América Latina.


Vicente Cifuentes abre la noche con identidad latinoamericana
Antes del esperado ingreso de Gilberto Gil, el encargado de abrir la velada fue el cantautor chileno Vicente Cifuentes, quien dio la bienvenida al público con una presentación íntima y cargada de identidad latinoamericana.
Su participación funcionó como un puente sonoro entre Chile y Brasil, preparando el ambiente para lo que sería una noche histórica, con su estilo que mezcla raíces folclóricas, poesía y sonidos contemporáneos, Cifuentes logró conectar rápidamente con la audiencia que poco a poco llenaba el recinto esperando al maestro brasileño.


“Tempo Rei”: Un recorrido musical por seis décadas de historia
Cuando finalmente apareció en el escenario, Gilberto Gil fue recibido con una ovación inmediata, el concierto comenzó evocando el concepto central de la gira, el tiempo, ese “rey” que gobierna la vida, la música y la memoria.
El repertorio de treinta canciones, recorrió distintos momentos de su trayectoria, con temas que marcaron la evolución de la música brasileña, entre los primeros clásicos de la noche aparecieron piezas fundamentales de la década de los 60 como Procissão (1967) y Domingo no Parque, composiciones que ayudaron a consolidar el movimiento tropicalista.
La puesta en escena también incluyó momentos audiovisuales profundamente emotivos, durante el concierto aparecieron imágenes de figuras clave de la música brasileña como Caetano Veloso y Maria Bethânia, compañeros históricos del movimiento Tropicalia.
Uno de los instantes más intensos de la noche ocurrió durante Cálice, canción de protesta compuesta junto a Chico Buarque durante la dictadura militar brasileña en los años 70, en ese momento, un video del propio Buarque apareció en pantalla, reforzando la carga simbólica y política de la interpretación.

Una mezcla única de estilos: Reggae, rock, espiritualidad y raíces africanas
La grandeza de Gilberto Gil radica en su capacidad para mezclar géneros y tradiciones musicales, a lo largo de la noche, el concierto fue un mosaico sonoro que combinó rock, reggae, samba, ritmos afrobrasileños, percusión tradicional y referencias espirituales, el show contó además con la participación de tres de sus hijos, quienes se integraron a la banda en diferentes momentos, reforzando el carácter familiar y emocional de la despedida.
En el escenario, Gil alternó guitarra, canto y conversaciones con el público, demostrando esa cercanía que siempre ha caracterizado su carrera, cada canción era recibida como un himno colectivo, cantado por miles de personas que crecieron con su música.


Los grandes himnos que hicieron vibrar al Movistar Arena
El tramo final del concierto fue una verdadera explosión de clásicos, el público celebró con entusiasmo temas emblemáticas como Drão, una de las composiciones más emotivas de su repertorio, seguida por el espíritu optimista de Andar com Fé, la energía subió aún más con Toda Menina Baiana, una de las piezas más reconocibles del músico, que transformó el Movistar en una fiesta colectiva. Otro momento inolvidable fue Esperando na Janela, cantada por el público casi en su totalidad, pero el cierre definitivo llegó con el himno de despedida perfecto Aquele Abraço, tema que simboliza gratitud, encuentro y celebración


El abrazo musical fue literal y simbólico, miles de personas coreando junto a uno de los artistas más importantes de la música latinoamericana, un adiós que celebra el legado de un artista universal La gira “Tempo Rei” no es simplemente un tour de despedida, es una celebración de una carrera que redefinió la música brasileña y la conectó con el mundo, Gilberto Gil no solo fue un músico revolucionario. También fue un intelectual, activista cultural y ex ministro de Cultura de Brasil, un artista que siempre entendió la música como una herramienta de transformación social


El concierto en Santiago demostró que su obra sigue viva y vigente, cada canción interpretada fue una cápsula de historia, un recordatorio del impacto que su arte ha tenido en generaciones de oyentes, cuando el show terminó, el público del Movistar Arena se puso de pie para despedirlo con una ovación prolongada.
Todos sabían que probablemente era la última vez que verían a Gilberto Gil en vivo, pero como dice el concepto de la gira, el tiempo es el verdadero rey.
Gracias a nuestros amigos de Lotus por la invitación.
✍ Reseña Lisbeth Castillo
📸Fotos: Luis Graterol
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