Un regreso esperado que desató el caos y la euforia
La noche del martes 12 de agosto quedará grabada en la memoria de los fans chilenos de The Devil Wears Prada, en su regreso a Chile, la banda estadounidense de metalcore entregó un show demoledor en la Sala Metrónomo de Santiago, convirtiendo el recinto en un epicentro de riffs afilados, breakdowns demoledores y una conexión emocional que atravesó cada rincón del lugar.
El público chileno respondió con un entusiasmo arrollador cánticos incesantes, saltos sincronizados y una energía que no decayó ni un segundo. Desde el primer acorde hasta el último grito, el ambiente se convirtió en una celebración intensa del metalcore en su estado más puro.


The Devil Wears Prada: pioneros y vigentes
Formados en 2005 en Dayton, Ohio, The Devil Wears Prada se consolidaron rápidamente como uno de los pilares del metalcore moderno, con discos icónicos como With Roots Above and Branches Below (2009) y Dead Throne (2011), la banda ha sabido reinventarse manteniendo su esencia, fusionando agresividad, melodía y letras cargadas de intensidad emocional.
Su propuesta se caracteriza por una combinación explosiva de voces guturales y limpias, guitarras pesadas, baterías precisas y atmósferas densas que transportan al oyente a un viaje emocional de alta intensidad, en esta visita a Chile, demostraron que, casi dos décadas después de su formación, siguen en la cima de su juego.


Un inicio que encendió la mecha
La banda abrió con «Watchtower», un arranque contundente que puso a todos en movimiento desde el primer segundo, el rugido colectivo del público marcó el inicio de una noche que no daría respiro, sin pausas, continuaron con «Danger: Wildman» y «Born to Lose», confirmando que el setlist estaba diseñado para mantener la tensión y la adrenalina al máximo.
El público chileno, famoso por su entrega en conciertos de metal, no decepcionó, circle pits, headbanging y coreos acompañaron cada compás, la Sala Metrónomo se convirtió en un hervidero donde cada breakdown era recibido como una descarga de pura energía.


Momentos de intensidad y comunión
Uno de los puntos más altos llegó con «Ritual», tema que detonó una reacción visceral, los gritos, los puños en alto y la fuerza colectiva hicieron vibrar las paredes del recinto, sin embargo, fue «For You» el momento más emotivo de la noche, cientos de voces cantando al unísono crearon una atmósfera casi espiritual, demostrando que la música de The Devil Wears Prada no solo golpea fuerte, sino que también sana y conecta.
Otros pasajes memorables llegaron con clásicos como «Reptar, King of the Ozone» y «Dez Moines», verdaderos himnos que encendieron el mosh pit y transportaron a los fans a la época dorada de la banda. «Chemical», con su mezcla de melancolía y fuerza, ofreció un respiro cargado de emoción antes de volver a desatar la tormenta con «Sacrifice» y «Dogs Can Grow Beards All Over».


Un setlist demoledor
El repertorio de la noche fue una meticulosa selección que recorrió gran parte de su trayectoria, combinando material reciente con los clásicos que sus seguidores esperaban, temas como «Salt», «Broken» y «Noise» reforzaron el sonido sólido y contemporáneo que caracteriza a su etapa más actual, mientras que la inclusión del cover de «Reason» (Excision) mostró la versatilidad y apertura musical de la banda.
El cierre con «Hey John, What’s Your Name Again?» fue un estallido final que dejó a la audiencia extenuada pero satisfecha, con la sensación de haber presenciado algo único.
La conexión con el público chileno
Más allá de la música, lo que marcó la diferencia fue la química entre banda y público, The Devil Wears Prada no se limitó a tocar, interactuaron, agradecieron y reconocieron la pasión de sus fans en Santiago, hubo miradas cómplices, sonrisas y gestos que reforzaron la sensación de comunidad.
En el centro del mosh pit, desconocidos se ayudaban a levantarse, se abrazaban y compartían la experiencia como una hermandad momentánea, este tipo de conexión es la que transforma un simple concierto en una vivencia que perdura.


Un regreso que dejó huella
Lo del martes 12 de agosto no fue solo un concierto, fue una catarsis colectiva, una explosión de emociones y energía que recordó por qué The Devil Wears Prada ocupa un lugar especial en el corazón de sus seguidores, Santiago respondió con el alma, y la banda devolvió esa entrega con creces.
Con un sonido impecable, un setlist bien equilibrado y una presencia escénica arrolladora, The Devil Wears Prada reafirmó que su vigencia no es casualidad, este reencuentro en la Sala Metrónomo fue un testimonio de que el metalcore sigue vivo, potente y capaz de unir a cientos de personas bajo un mismo grito.
Cuando las luces se apagaron y los últimos ecos de distorsión se desvanecieron, quedó una certeza: el corazón de Santiago seguirá latiendo al ritmo de The Devil Wears Prada por mucho tiempo más.
Gracias a nuestros amigos de la Sala Metrónomo por la invitación.
✍ Reseña Lisbeth Castillo
📸Fotos: Luis Graterol
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